Entre tu boca y mi boca demasiadas palabras rotas que pregonan interior, generan sombras y matices de los pasos y fracasos, de nuestra inventada realidad, de lejanos ayeres que morosos no cooperan con el desgaste natural.
Malditas deudas, malditos los tiempos y su trabajo que es hacernos olvidar. Maldigo las creencias y cualquier fe que grite a los vientos que existe la eternidad.
Pues hoy rastreo tu aroma, en cualquier escondrijo de paciencia. A gatas como quien busca una hormiga en especial justo a la puerta de su hogar. Hincado y preguntándole a cada una del resto del hormiguero, si la han visto, y recibe un silencio y ni una mirada o gesto que logre auxiliar.
Olfateando la memoria, que huele a páginas viejas, libros siempre nuevos no importa que tan usados, a tus manos, al rinconcito del cuello con el hombro dedicado a embriagar mi pasado. Siempre confuso y perdido, hay demasiadas notas que me evocan realidad. Y lo único real en mis días es tu aroma, o lo que logro recordar.
lunes, 23 de agosto de 2010
martes, 17 de agosto de 2010
Qué hacer en caso de emergencia...
Aliste el cinturón. Apriete la mandíbula, deje que el miedo se apodere del poco control de vejiga que aún queda. Prepárese para el impacto, de ser posible vomítese a sí mismo, siempre es agradable la escena para los demás. Todo gesto que haga, hágalo memorable, tal vez sea el último, así que exagere. No recé, el arrepentimiento es para los malditos. No tenga autocontrol, por que en toda su vida no lo tuvo, ¿por qué mentir ahora?
Confronte con una mirada perdida el suelo, concéntrese en él, tal vez su estómago de vueltas por lo que se recomienda no perder de vista la zona de aterrizaje. Escuche atento los mensajes, puede que sólo se repitan en su cabeza una y otra vez buscando sentido, así que procuré no abreviar o cambiar por sinónimos.
Afirme con la cabeza cada que su interlocutor permanezca en silencio por más de cinco segundos. Disfruté de cada momento restante: si le viene en gana llorar, hágalo; si le viene en gana la cólera, explótela. Memorice los detalles que crea convenientes. La memoria se encargara de hacer más correcta su decisión.
Diga sólo aquello que de verdad sienta. El silencio también comunica.
De ser posible sobreviva. De ser posible recuerde y aprenda del evento. De no ser posible, no importa, hay más de uno muerto en vida que aún deambula a su lado, no se crea especial.
Confronte con una mirada perdida el suelo, concéntrese en él, tal vez su estómago de vueltas por lo que se recomienda no perder de vista la zona de aterrizaje. Escuche atento los mensajes, puede que sólo se repitan en su cabeza una y otra vez buscando sentido, así que procuré no abreviar o cambiar por sinónimos.
Afirme con la cabeza cada que su interlocutor permanezca en silencio por más de cinco segundos. Disfruté de cada momento restante: si le viene en gana llorar, hágalo; si le viene en gana la cólera, explótela. Memorice los detalles que crea convenientes. La memoria se encargara de hacer más correcta su decisión.
Diga sólo aquello que de verdad sienta. El silencio también comunica.
De ser posible sobreviva. De ser posible recuerde y aprenda del evento. De no ser posible, no importa, hay más de uno muerto en vida que aún deambula a su lado, no se crea especial.
lunes, 9 de agosto de 2010
Montañas de aire...
Montañas de aire que entorpecen la mirada del paisaje acuoso de los ojos que llueven en la esquina de una silla. Por un dolor insoportable, de un silbido en la cabeza que no calla. Con el tiempo que repica en el pecho bajo la mano que arranca con las garras el latido.
La voz cortada que no canta, que gime monosílabos interminables, por culpa de lo sólo y descansa el pecho en el vaho con olor a muerte, por las letras que fallecieron en la garganta, por las palabras que asfixian el alma.
Malditas dudas y desdenes, que de nubarrones grises se visten bajo luces muertas de calles parcas y olores desagradables, que transitan las vías del camino que confunde; y el perderse bajo fuegos incendiarios de miradas inobjetables de uno mismo contra el pasado, contra el brillo de la hoguera que prende los males y descansan sobre las calmas cada respiro más insoportables.
Pensé ya no dolía, me distrajo el mundo en la locura de sus días, en el caos de su vida y lo poco que parece a su lado la mía. Pero hoy sé, mientras el alma se aleja del camino, que todo estará mejor. Que mis mejores decisiones se miden en distancias y a lontananza hoy soy correcto y hago de mi país: una canción con pocas notas y mis pies marcan compás y viajan en el viento con las hojas.
La voz cortada que no canta, que gime monosílabos interminables, por culpa de lo sólo y descansa el pecho en el vaho con olor a muerte, por las letras que fallecieron en la garganta, por las palabras que asfixian el alma.
Malditas dudas y desdenes, que de nubarrones grises se visten bajo luces muertas de calles parcas y olores desagradables, que transitan las vías del camino que confunde; y el perderse bajo fuegos incendiarios de miradas inobjetables de uno mismo contra el pasado, contra el brillo de la hoguera que prende los males y descansan sobre las calmas cada respiro más insoportables.
Pensé ya no dolía, me distrajo el mundo en la locura de sus días, en el caos de su vida y lo poco que parece a su lado la mía. Pero hoy sé, mientras el alma se aleja del camino, que todo estará mejor. Que mis mejores decisiones se miden en distancias y a lontananza hoy soy correcto y hago de mi país: una canción con pocas notas y mis pies marcan compás y viajan en el viento con las hojas.
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jueves, 5 de agosto de 2010
Arrugas...
Hoy es momento de decir adiós, de lo que ya sabíamos; nos movemos más allá del sentimiento, de la creencia, y sugiere el esperar eterno. Donde los niños suelen ser crueles, los adultos creen ser mejores, y nadie sabe nada controlar.
Pero hay días en que se presiente, se huelen las notas en el aire de la tarde, que nos cae apaciguada, bajo la luna escasa y el sol comenzando descansar. Esos aromas que solíamos llamar casa, hoy son excusas para otro camino buscar. No me creo nada, que estemos tan lejos y los ruidos sean tan escasos. Que nos pensemos tan lejos y encontremos bajo lo que la tarde calla.
De vez en vez sonreiremos, recordando en las arrugas de los ojos las viejas miradas, las presentes sonrisas y los infinitos momentos, de universos que colapsan en sus propias historias; nos creeremos perfectos, al patear la siguiente piedra y continuar con la mirada clavada en el recuerdo que no vuelve y las calles que siguen siendo las mismas pero nos llevan a otro lugar.
Pero hay días en que se presiente, se huelen las notas en el aire de la tarde, que nos cae apaciguada, bajo la luna escasa y el sol comenzando descansar. Esos aromas que solíamos llamar casa, hoy son excusas para otro camino buscar. No me creo nada, que estemos tan lejos y los ruidos sean tan escasos. Que nos pensemos tan lejos y encontremos bajo lo que la tarde calla.
De vez en vez sonreiremos, recordando en las arrugas de los ojos las viejas miradas, las presentes sonrisas y los infinitos momentos, de universos que colapsan en sus propias historias; nos creeremos perfectos, al patear la siguiente piedra y continuar con la mirada clavada en el recuerdo que no vuelve y las calles que siguen siendo las mismas pero nos llevan a otro lugar.
lunes, 26 de julio de 2010
Frío...
Con un poco de frío recuerdo charlas que nunca tuvimos, de esas palabra que nunca tuvimos que nombrar, de las advertencias que debimos señalar, cómo que no acostumbro las pasiones que se vuelven posesiones y me hartan las instrucciones para amar.
Todo el invierno parece me ha empañado el año y a diario cargo el daño y el frío que entume el caminar; pues no importando el clima los temporales que me cogelan las entrañas parecen retornar.
Ya no hay estaciones y yo no se escribir canciones; ya no hay clima adecuado, hoy me seco esperando se me quite el frío de no saber hablar.
Todo el invierno parece me ha empañado el año y a diario cargo el daño y el frío que entume el caminar; pues no importando el clima los temporales que me cogelan las entrañas parecen retornar.
Ya no hay estaciones y yo no se escribir canciones; ya no hay clima adecuado, hoy me seco esperando se me quite el frío de no saber hablar.
La noche anterior...
Mis pasos son incautos, presas de cualquier charco voraz y se han vaciado los bolsillos, que no dejaban de sonar. Ahora todo es aire, que retumba en la memoria, cuando la intenta recordar. Hoy todo es negro, ya no queda memoria de la tarde oscura de la noche anterior.
Hay hojas que revolotean contra la cara, camina sin sentido en dirección al sur, todo pasa por su cabeza, pero no logra recordar. Al parecer ya no hay promesas, el hambre ya no cansa, posiblemente ya ha comido, probablemente ya no es importante. Ahora sólo hay puertas, y todas las rejas lucen conocidas, todo es distinto a lo acordado, hoy ya no hay recuerdo de la noche y de lo que pasó.
Si pudiese parar el tiempo y recobrar los días: hay cosas que diría y cosas que no volvería a hacer. Pero hoy llueven letras y empapan los parques, los discos dejan de sonar, los bares comienzan a brillar, todos tienen amnesia, ya no recuerdan la noche que todo este olvido causo.
Hay hojas que revolotean contra la cara, camina sin sentido en dirección al sur, todo pasa por su cabeza, pero no logra recordar. Al parecer ya no hay promesas, el hambre ya no cansa, posiblemente ya ha comido, probablemente ya no es importante. Ahora sólo hay puertas, y todas las rejas lucen conocidas, todo es distinto a lo acordado, hoy ya no hay recuerdo de la noche y de lo que pasó.
Si pudiese parar el tiempo y recobrar los días: hay cosas que diría y cosas que no volvería a hacer. Pero hoy llueven letras y empapan los parques, los discos dejan de sonar, los bares comienzan a brillar, todos tienen amnesia, ya no recuerdan la noche que todo este olvido causo.
Cuando te haces mayor...
Viento por ti, aires por mi, siempre lejos del tacto, siempre algo cerca del pasó que no dí. Jugando entre el drama y el humor, encontramos nuestra nueva casa, mi nueva cara en la esquina, justo en ese rincón.
Llevo demasiado sin mi, dejé de buscarme y fue entonces cuando trace cualquier plan, sin dirección, pregonando mi vocación: Hablar por hablar y morir por morir. Seamos honestos: ya nadie distingue en cual me fundí.
Comencé a buscar alas antes de olvidar, que no hay razones suficientes para dejar de volar, razones suficientes ppara el pecho inflar, decir así se siente cando el corazón comienza a trabajar.
Iba muriendo en cada esquina, en cada cruce, en cada ciudad, viviendo en todo panteón. Confío en que algo cambie, y esto valga más que antes de comenzar; esta caminata, este camino que parece no tener final.
Tuve momentos de claridad, en los que casi pude respirar. Pero confío en tener más palabras, más letras para poderte contar y en voz baja decir, que por fin lo entendí: "esto es lo que pasa cuando te vuelves mayor; todo pierde importancia y recobras un poco de humor, ahora a rogar que no se acabe todo, que algo quede al dar otro paso, que aún queden algunas risas por compartir"
Llevo demasiado sin mi, dejé de buscarme y fue entonces cuando trace cualquier plan, sin dirección, pregonando mi vocación: Hablar por hablar y morir por morir. Seamos honestos: ya nadie distingue en cual me fundí.
Comencé a buscar alas antes de olvidar, que no hay razones suficientes para dejar de volar, razones suficientes ppara el pecho inflar, decir así se siente cando el corazón comienza a trabajar.
Iba muriendo en cada esquina, en cada cruce, en cada ciudad, viviendo en todo panteón. Confío en que algo cambie, y esto valga más que antes de comenzar; esta caminata, este camino que parece no tener final.
Tuve momentos de claridad, en los que casi pude respirar. Pero confío en tener más palabras, más letras para poderte contar y en voz baja decir, que por fin lo entendí: "esto es lo que pasa cuando te vuelves mayor; todo pierde importancia y recobras un poco de humor, ahora a rogar que no se acabe todo, que algo quede al dar otro paso, que aún queden algunas risas por compartir"
Duda...
Hace tiempo ya que decidí hacer lo correcto, según yo; pero hoy me abruma la duda, el quizas y el mal tiempo. La jodida realidad que no para de llover, que parece decido a recordarme una y otra vez. Hoy sólo llueven dudas, frías y humedas dudas que desbordan ríos, que generan pequeños lagos sucios y geisers de coladeras insanas.
Creo que escribo por ellas, por cada una de ellas que no sabemos responder. Creo que escribo para expresar que sí requiero ayuda, que quisiera una señal o algunas palabras diciendo "todo va a estar bien".
Hoy me quiebran las ansias, me derrota la ignorancia y me convence la duda. Hoy no sé nada de lo que sé supone me trajo hasta el hoy y aquí. Hoy dudo de mis decisiones, de mi inteligencia y del poco destino; hoy dudo del poder continuar sin saber si hice bien o mal.
Creo que escribo por ellas, por cada una de ellas que no sabemos responder. Creo que escribo para expresar que sí requiero ayuda, que quisiera una señal o algunas palabras diciendo "todo va a estar bien".
Hoy me quiebran las ansias, me derrota la ignorancia y me convence la duda. Hoy no sé nada de lo que sé supone me trajo hasta el hoy y aquí. Hoy dudo de mis decisiones, de mi inteligencia y del poco destino; hoy dudo del poder continuar sin saber si hice bien o mal.
martes, 6 de julio de 2010
Bajo el sonido...
Bajo el sonido de la lluvia reconozco los pasos de la memoria que sigue perdida en la orilla de tu silueta, que sabe cual mapa en palma de la mano y recorre en busca del vació que ha dejado tu partida. Se instala una vez más mi lado, cual sombra, cual fantasma de felicidades pasadas.
Con el paso de las horas matizo la oscuridad y distingo tu sonreír. Esa risa, que cantó al oído viejas notas, convivió conmigo una y mil derrotas, con la frente en alto, con las cicatrices a cuestas de lecciones y promesas rotas.
Y me arrullan los estruendos y el cantar de los rayos, los vientos agitados y la carencia de sueño. Dejo ir a la memoria y fantaseo con el regreso de tu mirada y de lo feliz que soy bajo el alcance de tu aura morada.
Con el paso de las horas matizo la oscuridad y distingo tu sonreír. Esa risa, que cantó al oído viejas notas, convivió conmigo una y mil derrotas, con la frente en alto, con las cicatrices a cuestas de lecciones y promesas rotas.
Y me arrullan los estruendos y el cantar de los rayos, los vientos agitados y la carencia de sueño. Dejo ir a la memoria y fantaseo con el regreso de tu mirada y de lo feliz que soy bajo el alcance de tu aura morada.
lunes, 5 de julio de 2010
El globo...
El globo que sin pensarlo demasiado se suelta de la mano, se desprende de las intenciones, se cree libre por el aire y flota. Como aquel sueño que pretende su primer paso en su propio camino, al propio ritmo de viaje baila con el viento incontenible.
Así se aleja de la mano del pequeño encandilado por el sol, que distraido confió en que nada cambiaría, que pensó en que el hoy por siempre sería.
Momentos después el llanto que acompaña la perdida, cuando se va la posibilidad de lo eterno, cuando regresa al rostro el vació y damos cuenta de la falta, la enorme falta de aquel sueño que acompañaba la muñeca y separaba ligeramente los pies del camino.
Ya separados quedan el llanto, la mano estirada, la pronta gran distancia; el viento y los caminos separados. Uno que se eleva y otro que se queda.
Ya vendrán otros aires, ya volverán a encontrarse, entre sueños y recuerdos, cuando se acabe el gas o el pequeño crezca. Ya volverán a sumarse y ser el cliche que el mundo envidia de la felicidad que equilibra el volar con el suelo, los planes altos con cimientos buenos.
Así se aleja de la mano del pequeño encandilado por el sol, que distraido confió en que nada cambiaría, que pensó en que el hoy por siempre sería.
Momentos después el llanto que acompaña la perdida, cuando se va la posibilidad de lo eterno, cuando regresa al rostro el vació y damos cuenta de la falta, la enorme falta de aquel sueño que acompañaba la muñeca y separaba ligeramente los pies del camino.
Ya separados quedan el llanto, la mano estirada, la pronta gran distancia; el viento y los caminos separados. Uno que se eleva y otro que se queda.
Ya vendrán otros aires, ya volverán a encontrarse, entre sueños y recuerdos, cuando se acabe el gas o el pequeño crezca. Ya volverán a sumarse y ser el cliche que el mundo envidia de la felicidad que equilibra el volar con el suelo, los planes altos con cimientos buenos.
lunes, 21 de junio de 2010
Sonrisa...
Como conejo que se pierde encandilado por los faros del auto que lo ha de matar; similar a cualquier persona verdaderamente agotada por el destino, que se enfrenta al último vendaval, no por que crea que el clima mejorara... sino por que está segura de que no aguantará uno más.
Con ese semblante, que apabulla cualquier otra cicatriz del día a día, que sólo se enmarca por la tormenta que carga en la espalda y el agua que escurre por toda su desmaquillada cara, atestiguando el diluvio que no acaba. Que no acabara pronto.
Sacude con ira su ser, esperando el desarmarse o al menos dejar un poco de si. Diluida en el agua gris, que ya es charco y rastro pasajero de un camino que no quiere repetir. Camina mientras se cambia de uniforme, mientras su careta es retocada para denotar una ligera esperanza, esboza una sonrisa fracasada al acercarse al espejo más cercano.
Sorpresa y susto, las dos de golpe: Una por darse cuenta que no hay boca en el rostro, la otra por realmente sentir por primera vez en el día. Recorre el suelo en busca de la pieza faltante; revuelve sus bolsillos, agita y sacude las ropas. Nada.
Sorprendentemente calmada se hinca y a gatas regresa por sus pasos. "No debe estar lejos... La usé hace poco" dice mientras tienta el camino, masajeando cada palmo de mármol que se muestra con huellas de actividad. Un par de monedas cerca de la entrada, una llave y hasta un perno de un reloj, pero no hay rastro... ni un labio, una comisura, una sonrisita.
Con la misma cara sólo que esta vez un tanto más verde, se pone en pie, camina al espejo, saca un labial rojo. Dibuja un par de barras paralelas horizontales debajo de la nariz mientras piensa: "seguro volví a olvidarla antes de salir de casa".
Con ese semblante, que apabulla cualquier otra cicatriz del día a día, que sólo se enmarca por la tormenta que carga en la espalda y el agua que escurre por toda su desmaquillada cara, atestiguando el diluvio que no acaba. Que no acabara pronto.
Sacude con ira su ser, esperando el desarmarse o al menos dejar un poco de si. Diluida en el agua gris, que ya es charco y rastro pasajero de un camino que no quiere repetir. Camina mientras se cambia de uniforme, mientras su careta es retocada para denotar una ligera esperanza, esboza una sonrisa fracasada al acercarse al espejo más cercano.
Sorpresa y susto, las dos de golpe: Una por darse cuenta que no hay boca en el rostro, la otra por realmente sentir por primera vez en el día. Recorre el suelo en busca de la pieza faltante; revuelve sus bolsillos, agita y sacude las ropas. Nada.
Sorprendentemente calmada se hinca y a gatas regresa por sus pasos. "No debe estar lejos... La usé hace poco" dice mientras tienta el camino, masajeando cada palmo de mármol que se muestra con huellas de actividad. Un par de monedas cerca de la entrada, una llave y hasta un perno de un reloj, pero no hay rastro... ni un labio, una comisura, una sonrisita.
Con la misma cara sólo que esta vez un tanto más verde, se pone en pie, camina al espejo, saca un labial rojo. Dibuja un par de barras paralelas horizontales debajo de la nariz mientras piensa: "seguro volví a olvidarla antes de salir de casa".
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lunes, 7 de junio de 2010
Malacopa...
De todas esas cosas que debamos hablar, hay confianza de perderse en el andar, el horario se nos borra en la copa, que se pierde entre la gente cuando la mesera irrumpe, raptándola de su lugar natural.
¿Donde ha ido todo el vino, el trino de los pajarillos que te siguen? sin saber por que se saben tu nombre, hombre tan común y vulgar, sabiendo que no hace otra cosa que ocultar, lo poco que sabe y lo tanto que se espanta de cualquier sombra, escurre ignorancia y vómita en vez de hablar.
¿Donde ha ido todo el vino, el trino de los pajarillos que te siguen? sin saber por que se saben tu nombre, hombre tan común y vulgar, sabiendo que no hace otra cosa que ocultar, lo poco que sabe y lo tanto que se espanta de cualquier sombra, escurre ignorancia y vómita en vez de hablar.
martes, 1 de junio de 2010
Caminando a casa...
Recopilando segundos en cada parpado, agotando las energías de la constancia y enfundado en el traje de la rutina. Momento de irse a casa; y caminas con hombros derrotados por los días que han de venir. Sintiendo, en el recoveco del corazón, que algo no agrada, que no llegaras tan lejos, que mañana no hay demasiado plan.
Con sólo recuerdos de como era el Sol y que sabe la comida casera, con los tonos pálidos de la piel y el dolor de espalda por la poca hergonomía de cualquier labor de ocho horas.
Con sólo recuerdos de como era el Sol y que sabe la comida casera, con los tonos pálidos de la piel y el dolor de espalda por la poca hergonomía de cualquier labor de ocho horas.
viernes, 7 de mayo de 2010
Escribiendo de contrabando en la oficina...
En secreto y despacito, acariciando tus palmas justo al silencio de un mundo cautivo. Frente a ventiscas y ráfagas heladas, desentumo el tacto pálido contra el cosquilleo de tu piel.
Con la inquietud de ser sorprendido en el acto, con la emoción de no detenerse hasta la última nota. Hagamos música, de esa que sólo tú y yo conocemos, de esa que sólo los privilegiados escuchan con el corazón.
Atentos a los silencios y a los ritmos hasta del mismo viento, dejando que fluyan las ideas con cautela, pero disfrutándolas con la calma necesaria de un poema. Hagamos letras, dejemos que cualquier aliteración sea a nuestro lado ingenua.
Con la inquietud de ser sorprendido en el acto, con la emoción de no detenerse hasta la última nota. Hagamos música, de esa que sólo tú y yo conocemos, de esa que sólo los privilegiados escuchan con el corazón.
Atentos a los silencios y a los ritmos hasta del mismo viento, dejando que fluyan las ideas con cautela, pero disfrutándolas con la calma necesaria de un poema. Hagamos letras, dejemos que cualquier aliteración sea a nuestro lado ingenua.
miércoles, 5 de mayo de 2010
Desorientado y encontrado...
Todos los sentidos desorientados, perdidos en el afán de reencontrar el camino. La vista clavada, apuñalando la ventana que ofrece un poco de cielo, que bajo la luna ardiente padecen de ese gris fulgor que acaricia las asquerosas cabezas ralas de los inmundos cuerpos que no caben en sus casas, que colocan antenas y tubos en sus calvas aureolas.
Así, perdido entre los sonidos y aullidos literales, entre las sensaciones insaciables comprendiendo mi hambre y mi espera, el caos y la misma brisa que hace avanzar mi balsa; mi alma al otro lado de mi mismo. Entendiendo que no comprenderé la oscuridad temiendo de ella, ni haré luz por sólo quererla.
Así me hipnotizo por los parpadeos lejanos de los ojitos brillantes de alguna calle, de algún edificio que cimbra ante mi mirada o parpadea con sus pequeñas estrellas rojas que anuncian sus presuntuosos semblantes.
El mejor estado del desastre, es saber completo el paisaje al tirar el último naipe. Reconstruirse de la nada y creerse gigante. Y bajo un cielo sin estrellas, creerse una, saberse una luz que le parpadea a otro ojo incauto encerrado tras la ventana de otra casa. Guiñando el ojo, y sirviendo de faro en el puerto peligroso de uno mismo. Hay marea baja y la noche huele a calma, no hay respuestas, pero doy gracias a lo divino por tener más dudas.
Así, perdido entre los sonidos y aullidos literales, entre las sensaciones insaciables comprendiendo mi hambre y mi espera, el caos y la misma brisa que hace avanzar mi balsa; mi alma al otro lado de mi mismo. Entendiendo que no comprenderé la oscuridad temiendo de ella, ni haré luz por sólo quererla.
Así me hipnotizo por los parpadeos lejanos de los ojitos brillantes de alguna calle, de algún edificio que cimbra ante mi mirada o parpadea con sus pequeñas estrellas rojas que anuncian sus presuntuosos semblantes.
El mejor estado del desastre, es saber completo el paisaje al tirar el último naipe. Reconstruirse de la nada y creerse gigante. Y bajo un cielo sin estrellas, creerse una, saberse una luz que le parpadea a otro ojo incauto encerrado tras la ventana de otra casa. Guiñando el ojo, y sirviendo de faro en el puerto peligroso de uno mismo. Hay marea baja y la noche huele a calma, no hay respuestas, pero doy gracias a lo divino por tener más dudas.
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