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domingo, 24 de junio de 2012

Tal vez ya no somos los mismos...

Tal vez ya no somos los mismos...


Corren los rumores en la bruma, de que la fama se nos fue, que el ambar del cariño tornó café y el añejo de los pasos alejó el eco de tu vida aún en la mía; hoy más lejos, más firme gritan los silencios que todo pasó ayer.


Mientras nos vemos a los ojos y no tenemos los mismos brillos, anhelos y bríos, hoy venimos protegidos; a cada lado el escudo, desviando la mirada, el recuerdo y cualquier razón para anhelar. hoy rezamos por no querer de lo que parece ya no hay.


Podemos engañar al tiempo, al pensar y al consenso, seremos aquel eterno otoño que cosechó viejos follajes y hoy somos nuevos árboles, nuevos pensares en viejos calores, añoranza de frutos viejos hoy nuevos vinos.

martes, 1 de junio de 2010

Caminando a casa...

Recopilando segundos en cada parpado, agotando las energías de la constancia y enfundado en el traje de la rutina. Momento de irse a casa; y caminas con hombros derrotados por los días que han de venir. Sintiendo, en el recoveco del corazón, que algo no agrada, que no llegaras tan lejos, que mañana no hay demasiado plan.

Con sólo recuerdos de como era el Sol y que sabe la comida casera, con los tonos pálidos de la piel y el dolor de espalda por la poca hergonomía de cualquier labor de ocho horas.

martes, 17 de noviembre de 2009

Cuando...

Cuando no hablas y crees que no me doy cuenta de lo perdido en cada palabra o en el silencio repartido. Cuando nos cerramos la boca entre los miedos y las paranoias, nos alejamos de nuestra mano sólo por el pánico al tacto.

Son esos momentos donde el abrazo perdona el siempre y funde pensamientos en largos pasos, entrelazando caminos y dejando un suspiro de regocijo de ir en el camino exacto, tal vez correcto.

Cuando me atraganto con mis vacíos y me pierdo en lo ególatra de tus encantos; nos perdemos en lo ocupado de la noche, nos acercamos un poco al lado oscuro de lo prohibido.


Son esos momentos de largos pensamientos donde se hilan memorias y planes, donde te recuerdo en calma, y recordamos lo finito de nuestras vidas fugaces. Intermitentes en los destinos, caminos y planes, somos el silencio que se recuerda antes del suspiro y la sonrisa de remembrar la estancia de la felicidad en mis lares.

lunes, 19 de octubre de 2009

El cubo...

Una vez dos ingenuas personas encontraron una caja, un cubito negro; sin más sentido que pisa papel, sin más uso que el olvido común. Para gracia y suerte del cubo, en manos adecuadas era herramienta de más. Durante algún sencillo tiempo fue banco para alcanzar tesoros entrañables de cocinas milenarias y tazones de galletas sagrados. Otras tantas veces fue balón, lanzable y siempre cachable (Nunca habían probado su dureza a conciencia, el romper algo que no conoces bien puede causar más culpa de la debida, o menos castigo del adecuado).


El cubito negro poco a poco fue adquiriendo nuevas caracterizaciones. Con un simple bigote y un parche, ambos dibujados con crayola roja, lograban hacer al tan interesante objeto todo un corsario. Decidido a desfalcar los cargamentos de dulces o lodo que transportaban de ilusa manera los marinos incautos de ese patio trasero. Otras tantas, una crayola rosa, era maquillaje y volvía endeble y muy formal al personaje, le daba una elegancia exquisita a la hora de tomar el té con el resto de sus comensales afelpados.


Así transcurrieron esos largos días soleados, nublados y uno que otro lluvioso. Algunos días fríos pero ninguno demasiado, nada que no se arreglara cuando las dos ingenuas personas se tomaban de la mano, se abrazaba, o se sonreían... casi nunca se tenía que buscar un abrigo más grueso que eso.


El cubo con el uso, con el tiempo, con la costumbre, con la incertidumbre, con el frío, con los lanzamientos, con las idas, con los regresos, con el ser usado de banco, con el infinito uso del limitado tiempo por parte de estas dos ingenuas personitas... terminó por ablandarse; en contra de su dura corteza, en contra de la rutina de firmeza y aristas negativas al doblez. Se transformó en algo maleable, pero no demasiado.


Las personitas sorprendidas y más bien asustadas, al principio tomaron decisiones bizarras. El niño más acostumbrado a ignorar la firmeza del cubo, decidió no usarlo, corría el peligro de dañarlo, y en secreto le daba más miedo eso que en realidad intentarlo. La niña, ligeramente trastornada por el cambio, puso su mayor empeño en moldear un afelpado amigo más para las largas sesiones de té (y con toda razón, corren los rumores de que Teddy, no es pardo natural). El cubo se resistió y terminó siendo más bien un feo y amorfo cuero similar a una estrella... o un triángulo perdido en su camino o un cubo intentando ser quien no era y sufriendo el castigo de malintentarlo.


Ambos se cansaron del complejo andar del excubo. "Demasiado complicado habiendo tantos juguetes", "Demasiado blando habiendo tantos bancos", "demasiado duro habiendo tantos balones". Pero la belleza del cubo no era entendida... no era un juguete, no era una nueva atracción, no era un personaje en la rutina, no era uno más en la mesa del té, no era lo que esperaban, no era quien esperaban, era lo que necesitaban...


Era lo que necesitaban... y lo notaron al buscar de nuevo el tarro de galletas y no alcanzarlo, al lanzar un balón real y no saberlo controlarlo. Era lo que necesitaban, y no lo notaron hasta que de nuevo jugaban solos, hasta que faltaba un marinero incauto o alguien que si contestara "ya no quiero más té", alguien que hiciera más pasadera la tarde eterna.


Ahora ambos chicos siempre llevan abrigos, casi nunca se acuerdan, casi nunca se olvidan, pero les falta algo, se sienten incompletos. Creen que fue un error dejar perder el cubo, creen que extrañan al amorfo paralelepípedo.


Que ingenuos son los chicos que se extrañan a unos pasos, que olvidan entre rutinas que los cubos son cubos, los trabajos trabajos, y nadie extraña las cosas. Que ingenuos son los chicos que no entienden que esos abrazos y sonrisas cambian al mundo, cambian las mareas de los patios traseros y las multitudes en los restaurantes inventados en los cuartos rosas. Que ingenua es la gente que quiere buscar significado a los cubos. Pobre cubos, que nacen sin sentido pero se les otorga tanta razón.

domingo, 18 de octubre de 2009

Ebrio...

Son los actos inexplicables los que se funden en la orilla de la botella, que se pierden en tu frontera de la razón y el placer. Intermitentes entre tu boca y mis costas, a pausas de tiempo encontrado sin querer. Es la mezcla de la mar y la copa, el vino y tu ser. Bebámonos la vida esta noche, bebámonos de un sólo trago hasta la conciencia perder.

Miraba por la ventana, entre el frío y las distancias, sigue enfriando la noche entera, sigue cayendo la penumbra en mi nariz, sigue extrañando mi cama tu figura, sigo pensando en corregir mis errores, continuo con la mano en la copa, y la otra haciendo de abrigo contra la habitación. Aspirando la pesada noche y embriagándome de los recuerdos, bebámonos la vida entera, de un sólo trago... hasta la última consecuencia, hasta el último momento.

martes, 29 de septiembre de 2009

Sonriendo...

Sonriendo sin sentido, con las palmas llenas de tiempo y los bolsillos de encantos. La pluma marcando aleatoriamente las letras, pero el caos tiene testigos e interpretaciones... hoy pareciera que escribo canciones.

Perdiendo un poco la razón, de recordarte en el olvido, me mantienes seguro de ser feliz en el presente, si te me acercas, si me dejas morderte. Quiero dejarte mis marcas, besarte la frente y tatuarte la memoria; pues no habrá otro hoy y ahora tan fino y delicado, seamos juntos, descansa conmigo en el umbral de tu memoria y mi mejor estado.

Perdiendo un poco el sentido antes de desfallecer en el sueño u olvido, sonrió viendo el techo, que plagado de estrellas se dedica a contagiar el letargo, quiero compartir contigo mis cicatrices, quiero observes todas las marcas que tus labios en mi han dejado.

jueves, 17 de septiembre de 2009

Alguna playa...

Con los ojitos parpadeando de vez en vez para no caer hipnotizados por el baile de los puntitos elevados. Escuchando las olas, las bolsas contra el viento, y uno que otro insecto tragándose mi sangre en la pierna destapada, tengo la manía y necesidad de sacar una pierna de cualquier clase de cobijo.

Concentrado en una zona, que planeo memorizar. Dibujando patrones y pensando en infinitos, sonriendo triste y de cuando en cuando bostezando para espantar la soledad salada de alguna memoria equivocada.

Y caen una tras otra las olas, continuó siendo arrullado por el barullo de los matorrales. Reacomodo mi almohada de arena y mi cabeza retoza de pequeños invitados, no todos reales, y unos más incómodos que otros.

Fluyo con las olas a cualquier sueño, que se alcanza en el techo de la noche estrellada, cobijado por la nada, en alguna playa de algún puerto, con algún mar azotando mis palmas... estoy medio dormido, medio soñando, medio contando estrellas, medio recordándote e imaginando que vivimos en un par de ellas.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Seco...

Estoy seco. Recibiendo el otoño defrente y medio aturdido por la indiferencia del tiempo que recae en mis hombros. Cumpliendo años, vivencias y despojos. Somos almas dispuestas al resago, a acumularse poco a poco en sí mismas, hacerse gruesas y arrugadas, colgar desinteresadas en la cintura y aclarando las sienes.

Estoy cansado de la fatiga de siempre. Del siempre que aconseja, cansa y persiste en las ramas por brazos y de las raices acostumbradas al fango.

Que llegué el frío para tener razones de esconder mi nombre entre abrigos y licores, que se hagan los fines de estos tiempos tan sin luz para el hombre.

Nos basta el agua y el tiempo, nos gana el sol y el silencio. Que se regenere la vida misma desde el centro hacia afuera, que las letras fluyan y nos encuentren escritas en la piel de otro mañana, en la corteza de mi cara y en las arrugas que aún no hacen en la orilla de mis ventanas.

martes, 25 de agosto de 2009

Robotomonía...

Sale la casa corriendo, tropieza consigo mismo y cae, sin dar tiempo a detener el golpe con las manos. Un diente cae y el dueño se percata de algún artefacto, parecido a un chip, justo en en el centro.

Extrañado, revisa con la mano cada diente, hasta encontrar el espacio, premolar izquierdo superior, y al tocar el lugar ligeramente ensagrentado le da una descarga eléctrica.

Mientras se levanta, analizando aún el dientechip, escupe un par de veces. Sorprendido lleva el diente a su lugar de origen y presiona hasta clavarlo de regreso en el lugar que le debiera corresponder. Saca su celular y marca, contestan y el comenta: << No sabes lo que me acaba de pasar... sí rarísimo... Me fui de boca y sangro... sí sangro... sí ya voy para el trabajo, bye>>

domingo, 9 de agosto de 2009

La banca...

En la banca de un parque alejado de la memoria de llegada, se alegra la tarde entre murmullos y zumbidos animales, insectosos para ser más preciso. Se ven en el metal forjado más de una goma de mascar procesada, y se jura que las mismas advierten haber sido testigo de la escena un par de miles de veces: Persona esperando a otra persona, practicando discurso que no recordará en tiempo, sentido ni forma.

Con las manos a medio sudar, el pantalón cansado de ser estrujado y usado como toalla se queja en voz baja, mientras él balbucea palabras de amor y declaraciones de olvido, de eternidad y distancias. Se cuenta bromas a si mismo y se sonríe mientras se le escapa alguna mirada realmente triste al vacío.

El agua encharcada a unos metros de él hace ondas mientras le cae el alba, se detiene el reloj de arena que es su estómago y registra con la mirada todas las zonas de acceso a ese punto... Ella no aparece y él sigue sintiendo que se le acaba el tiempo, que se le detiene el corazón y el vacío del estómago no es hambre... él sigue sintiendo que algo no va bien y se le está quebrando la voz.

La luz artificial se hace presente en la cima de un largo metal. Él se ha cansado de cansarse, se impacienta de querer ser impaciente y le rehúye a la idea del preabandono. El sollozo se le escapa sin querer, como a quien se le escapa el aire después de aguantar la respiración demasiado tiempo, cae de nuevo al asiento que con un tono verdoso de "te lo dije" y de escena repetida permanece inmóvil, frío y francamente incómodo.

No hay grandes despedidas, nunca hubo encuentro. No hay grandes discursos y sonrisas enmacarcadas por lágrimas y buenos deseos. Él se levanta y comienza a caminar al ritmo de algunos grillos perdidos en la ciudad, que tararean canciones para dormir automóviles inquietos en el semáforo más cercano. Y con esa tonada se pierde entre las sombras de algún parque, de alguna ciudad, de algún país donde la gente se olvida a si misma por querer encontrarse en los demás y se cansa de sollozar mientras esperan a alguien a quien jamás citaron. Alguno de esos países tristes de gente sin valor que deja que las bancas sean saturadas con la repetición de la misma escena, pobre bancas.

lunes, 27 de julio de 2009

Atrancando...

Atrancando en tus costas finas, las lagunas de mis memorias perdidas se salan por diversión. Hagamos mares los recuerdos olvidados y busquemos en el agua la razón. La razón que no entiende, que disculpa tiempos, que permite escapes. Escapemonos del tedio y nademos con hambre de momentos y profundos lugares.

Sobre la piel hecha mapa, sobre la vida encerrando tesoros en tu ombligo.

Atrancando en las costas bellas, de tu perfil divino, de tus ojos de mar infinito. Atrancando en las memorias, en los futuros, en las esperanzas, en las vivencias de otro siglo.

sábado, 11 de julio de 2009

Dormir...

Una vuelta a la derecha, tres a la izquierda, una más a la derecha... Abriendo la caja fuerte, que hoy luce como mi cama, me decido a recordarme lo que no olvido. Con los ojos bien cerrados, y las sábanas sofocantes pero necesarias se intercalándose con las corrientes nulas de aire tibio y mis memorias, para ir y venir entre sueños y cosas de mi pasado y mis fantasías presentes.

Con ese sentimiento que a veces me pega en la comisura de los ojos, la sensación de extraviarse en el camino, el sentimiento de querer despertar del sueño antes de haberse dormido. Pero no se va, nada se va. El cuarto se queda igual de inmóvil entre sombras y mis miedos, los sonidos siguen siendo mudos y sin pechos, y yo con los ojos apretados aparentando que sí duermo.

Me surge la duda de cuándo empezó a fallar, cuando erré el camino y me quedé de brazos cruzados en este fastidio; en esta lluvia que no deja de en mi cabeza retumbar.

Y logro encontrar el balance: Un pie y la cabeza fuera, boca abajo y con el brazo izquierdo sobre el cuerpo de una almohada el resto del cuerpo altamente abrigado y cubierto por sábanas y cobertores. Dejó de pensar tanto en lo malo y sólo pienso en la sensación que no se va; que me pesa cada que pestañeo, que me aletarga y me dirige, con mi consentimiento, a un momento de retiro de mi mismo.

No se me va el hastío, y decido dormir para evitarlo; fallando de antemano, pues he pasado el día entero a medio dormir, a medio vivir, y de ahí el miedo nocturno. La pesadilla de no poder despertar y de seguir sumergido... de estar medio dormido, medio muerto, medio exagerando por dormir tan poco y fantasear todo el día con que esta es historia de otro libro o que yo estoy fuera de lugar.

jueves, 9 de julio de 2009

No importa...

No importa mientras se vea lejos, se vea más allá de los ladrillos transparentes, de los nuevos discos, de las viejas melodías. No importa mientras todos se confundan con las luces de la ciudad y dejen de jugar con su cabello; bajo la luz de la vela, o el faro, en cada calle de la ciudad que despide olores desde sus poros hechos coladeras.

Y pasemos la noche mezclados entre tragos y cigarros, preguntando el porqué de cualquier cosa, confundidos con extraños, con aliados, bajo esta urbe que tiende a ahogarse a si misma de memorias y copas rotas.

No importa que hagas mientras vayas lejos. Sólo déjate arrastrar en la ola de cualquier saludo, que te lleva por la calle de la mano al siguiente punto, a la siguiente nota. No luzcas sorprendido de no querer ver, que hace calles que no ves sin dejar de temblar y el pecho te brinca sin saber. Sudas y llueve, confundes las calles con parientes y la luna de brújula te pierde, la culpas entre nubes, sigues silbando embriagándote de oscuridad. Quedando confundido de buscarla, entre tinieblas, copas y plumas de memorias confusas, que te llevan a casa casi a rastras; reptando hasta tu cama donde mueres despacito hasta la siguiente mañana. Y nada importará mientras hayas ido lejos, escapando de ti, de los recuerdos y de estos vacíos en casi cualquier alma.

domingo, 10 de mayo de 2009

Buscando...

Buscando las palabras para decirte despacito y sin espantarte, que te busqué en cada segundo, en cada lejano y cercano recuerdo; que te escuché en el aire del ventilador, en el sonido del motor, en los silencios de mis soledades. Fue triste no hallarte en real y en carne.

Nada se puede hacer, me despierto herido y vuelvo a callar, a vivirme los días de uno en uno hasta acorralar tu espacio, ahora que el vacío dedica su vida a no estar conmigo.

Y busqué las oraciones correctas y aún así he vuelto a fallar, te he vuelto a espantar; tal vez sea lo natural, tal vez sea mi alta toxicidad, tal vez sea que la gente no olvida y hoy es demasiado tarde para volver a tratar.

Y es que es siempre es tarde, para querer cambiar lo que uno hizo días atrás, unos meses, unas vidas tiradas, unas tardes erradas de impaciencia, del temperamento al estallar. Sin grandes rodeos no soy tan bueno, sin grandes aciertos soy yo el que nace al escribir y lo que hecho, hecho esta, escribamos en el aire que te busqué, que no te hallé, que mañana puede ser un día mejor.

martes, 21 de abril de 2009

...Salud

El brillo de la mano en la oscuridad a medio fermentar, que se alarga al abrazo, que se destiñe en el roce, que acabe en el tacto; que se aletarga en mi vaso y termina en el trago de largo pasar. El ligero pensar en las ganas, el ligero olor del recordar, el saber me vas a matar, el instinto asesino y suicida. Mi recuerdo de mi mano en tu mejilla.

Saber que a veces hago mal y otras veces fallo por no intentar.

Turbia mirada e intensiones, generadores de calor mis manos y los tragos de ilusiones, distorsionada realidad de una diversión perversa. Felicidad arrancada directo de la botella que se añeja en el sabor de los años de tus labios; embriagar hasta perder la conciencia, pero no la memoria. Salud por el fondo, por la caña y tu boca. Salud por ti en mi vida... y por bebernos la noche y tu aroma en cada trago.

jueves, 16 de abril de 2009

Ha sido...

Y ha sido un largo año, mes, día... rato; desde que cambió mi mirada en tu silueta, y mi cabeza ahora decide que se va de viaje a tus orillas. Añejando el sentimiento de lo incontrolable altamente manejado por alguien más. De esas tardes revueltas de cabeza y el calor estorboso en cada ranura de las manos que hacen sudar ideas y escribirlas bajo la mera constancia de la necedad de dejar pasar.

Y hasta los celos se me antojan en cualquier derrota, en las batallas que no lucho, y en los territorios que no son míos, que domina el destino y que yo deje pasar por falta de decisión o sentido suicida.

Ahora se me antoja un largo año, mes, día... rato; bronceando las ideas que asoleadas salieron en la tarde a pasear, frente a tu vista esquiva, mi memoria necia y la sonrisa que te persigue en la orilla del recuerdo, obstinada a robarte otro round, otro tiempo, seguir intentando, invirtiendo el tiempo.

viernes, 27 de marzo de 2009

...raro

Que raro reencontrarse con las ideas que convocan recuerdos y deseos. Es bizarra la sensación de buscarse en lo encontrado hace tiempo. En el recoveco del pecho que acostumbra a la nada y aún así llenarlo de aire tibio.

Que sencillo es perderse en la mirada de ojos cerrados, en las voces de los pechos que no hablan y en las calles de luces apagadas. Fácil es dispersar la cabeza en cualquier momento y encontrarse sin querer retomando esa mano rozando esa memoria, ese recuerdo.

miércoles, 11 de marzo de 2009

Tal vez...

Tal vez la singular circunstancia que nos obliga a perdernos en la memoria, que nos recorre en gotitas de sudor por la cara, que de tos y fiebre me sofocan hoy que enfermo.

Tal vez debo dejar de pensar que me leerás entrelíneas, sonreirás entre muecas disimuladas y yo me sentiré ligeramente entendido; debo comenzar a sospechar también lo contrario: Que no me lees, que no me entiendes, que este espacio ya no es más que una hoja en blanco.

Tal vez es la fiebre o que quiero mantener el balance: de mi memoria y mis amnesias, mis fríos y mis calores, de tu piel y mis caricias, de mis circunstancias y mis metas.

viernes, 6 de marzo de 2009

Con ganas....

Con ganas de que la nada pase, se pasen las horas y la tarde. Con ganas de que la indiferencia acabe, retomemos el aire y asfixiemos los imposibles, mientras respiramos profundo para guardar el balance.

Con la más sincera resignación de las circunstancias, me dedicó a pensarte, a beberte y embriagarme de tu esencia que perturba mi tranquilidad. Quisiera hablar, que tuvieras tiempo, que me prestaras atención.

Me da pena aceptarme rogando por tu vista, por tu oído, al que aún le quiero susurrar cosas, por tu presencia en mi vida, por que lleguemos a una tregua, donde me dejas seguir queriéndote, donde me comporto como debo. Me da pena estar fuera de lugar y de tiempo, me da pena no poder decirte cuanto te quiero.

miércoles, 18 de febrero de 2009

Perturbado...

Perturbado por el roce del aire en un beso soplado, de tu mano desprendido en eternas despedidas que corroen las distancias y acercan nuestros cuerpos y destinos. De esos que nacen de la mano del cariño y crecen buscando que el aire se caliente y llegue tibio a mis manos.

Perturbado por la noche, por tu esencia, por lo delicioso de tu sabor, tu roce y tu textura. Con la cabeza clavada en la noche tibia y mis manos recién sensibilizadas a tu piel. Justo en el canal exacto donde tus labios sintonizan mis caricias y ejecutamos sincronizados un te quiero sin palabras.

Perturbado por la escacez de palabras para aclarar la mente, la garganta y el pecho. Perturbado por que hoy sólo puedo decirte, te quiero.